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Santos de pantalón corto

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Laura Vicuña

Santos de pantalón corto


Segunda edición del éxito editorial de Javier Paredes en el que describe en este libro el perfil biográfico de los niños —menores de 15 años— proclamados oficialmente beatos y santos confesores. Es decir niños que no han sido mártires, que han vivido confesando la fe y se han muerte en su cama.

Santo Domingo Savio

Podría pensarse que después de veinte siglos ha habido muchos, pero eso no es así. La Iglesia solo ha proclamado santo a uno solo, Santo Domingo Savio, y beatos a otros tres: Laura Vicuña y los dos pastorcitos de Fátima, Jacinta y Francisco. Este libro se ocupa solo de los que ya han sido proclamados oficialmente beatos y santos.

Los pastorcitos de Fátima

Del prólogo del libro escrito por Manuel de Santiago:

 Los santos de pantalón corto.

 Juan Pablo II redunda en esta misma idea al hablar a jóvenes, en un discurso (Juan Pablo II: Discurso en el estadio Santiago Bernabéu, 3 de noviembre de 1982) que no ha perdido ni fuerza ni actualidad: “Mis queridos jóvenes: la lucha contra el mal se plantea en el propio corazón y en la vida social. Cristo, Jesús de Nazaret, nos enseña cómo superarlo en el bien. Nos lo enseña y nos invita a hacerlo con acento de amigo: de amigo que no defrauda, que ofrece una experiencia de amistad de la que tanto necesita la juventud de hoy, tan ansiosa de amistades sinceras y fieles. Haced la experiencia de esta amistad con Jesús. Vividla en la oración con Él, en su doctrina, en la enseñanza de la Iglesia que os la propone”.

 Ejemplo de este modo de vivir son los “santos de pantalón corto” que Javier Paredes nos presenta como modelos: “Los jóvenes constituyen un hecho nuevo en la historia de las Canonizaciones, sí, pero no es nueva la existencia de las virtudes heroicas en muchachos mártires y no mártires como podemos ver en la Sagrada Escritura, en la Iglesia primitiva y así sucesivamente. La heroicidad de los jóvenes no es un hecho nuevo. El análisis y reconocimiento oficial por parte de la legislación de la Iglesia son sin embargo muy recientes. También en la infancia y adolescencia de numerosos Santos encontramos signos de heroica virtud (sería una bellísima publicación a llevar a cabo)” ( D. Vincenzo Leliévre: La canonizabilidad de los jóvenes confesores, Congregación para la Causa de los Santos, 1988. Pág. 2. Miscelánea in occasione del IV Centenario Della Congregazione per le cause dei santi (1588-1988).

 Y en efecto, Javier Paredes ha aceptado este reto y publica ahora el perfil biográfico de los niños proclamados santos confesores oficialmente, es decir de los niños menores de quince años que han sido declarados santos por confesar su fe, sin haber sido mártires. Podría pensarse que a lo largo de toda la Historia de la Iglesia hay muchos, pero eso no es así. Lo cierto es que se pueden contar con los dedos de una mano: solo hay un santo, Domingo Savio y tres beatos, Laura Vicuña, y Francisco y Jacinta, los dos pastorcitos de Fátima, inseparables de su prima Lucia.

 Hay muchos otros niños, candidatos a esta santidad de pantalón corto, cuyos procesos están avanzados y, a buen seguro, que a no mucho tardar comenzarán a subir a los altares. Javier Paredes los conoce bien, hemos hablado de ellos en muchas ocasiones y sé que trabaja con esta documentación desde hace años, sin las prisas y con el rigor que siempre ha mantenido en su ya larga y prestigiosa carrera de historiador. Él mismo hace referencia a esta situación en una de sus publicaciones: “En la actualidad –entre otros muchos casos de menores de quince años, que aquí no podemos mencionar en su totalidad como sería nuestro deseo- están muy avanzados los procesos de la francesa Anne de Guigné (1911-1922); el del alemán Bernard Lehner (1930-1944); los de los italianos Galileo Nicolini (1882-1897), Anfrosina Berardi (1920-1933) y Antonieta Meo (1930-1937), <<Nennolina>>, dos de cuyos milagros tras su muerte han sido relatados precisamente por el maestro intelectual de Juan Pablo II, Garrigou-Lagrange y las españolas María del Carmen González Valerio (1930-1939), María Pilar Cimadevilla (1952-1962) y Alexia González-Barros y González (1971-1985). Algunos de los niños citados anteriormente ya han sido declarados venerables, tras otorgarles el reconocimiento de haber vivido las virtudes en grado heroico y permanecen a la espera de ser declarados beatos” (Javier Paredes (director) Diccionario de los Papas y Concilios. Barcelona 1998, Pág. 592).

De momento, Javier Paredes solo saca a la luz los niños declarados oficialmente santos confesores, pero me consta que este libro que ahora se publica tendrá su continuación en otro volumen cuyos protagonistas, también menores de 15 años, están en proceso de beatificación.

 Los niños y los jóvenes de hoy, necesitan más que nunca modelos de referencia. Modelos que les hablen, con el ejemplo de sus vidas heroicas, que es posible la santidad: “Después de los Obispos, los eremitas, los Fundadores de Órdenes, ¿unos adolescentes o unos niños pueden ser grandes figuras de la Iglesia? Ellos son finas figuras tanto más grandes cuanto más jóvenes. Las Cartas Postulatorias de los procesos de niños son unánimes: no hay mejores modelos para los niños que otros niños que han llegado a lo más alto  través de las mismas dificultades que ellos conocen, las luchas y sufrimientos de cada día: se han manifestado superiores a su edad en muchas ocasiones. ¡Cuántos hechos heroicos de niños dejan efectivamente sorprendidos a los adultos! Son ellos, los adolescentes, los modelos más adecuados a sus coetáneos”.

Una característica de los santos es seguir al Maestro por la senda de la Cruz. Los santos de pantalón corto no son la excepción de esta regla. Durante los pocos años que vivieron se abrazaron a ella voluntariamente e hicieron muchos sacrificios voluntarios, algunos de ellos tan extraordinarios que en algunos casos llegaron a la sangre, como los pastorcitos de Fátima con la cuerda que utilizaron a modo de cilicio. Y esta actitud fue acrisolada por el modo como aceptaron una muerte prematura y en casi todos muy dolorosa y en alguno heroica, según lo relata Javier Paredes en el caso de la Beata Laura Vicuña.

Los “santos de pantalón corto” tienen otra característica común: su amor a Jesús en la Eucaristía. No pueden vivir sin esta presencia y sin esta compañía. Porque no hay santidad  sin Eucaristía: “Para crecer en la vida cristiana es necesario alimentarse del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. En efecto, hemos sido bautizados y confirmados con vistas a la Eucaristía. Como «fuente y culmen» de la vida eclesial, la Eucaristía es un «Pentecostés perpetuo», porque cada vez que celebramos la Santa Misa recibimos el Espíritu Santo que nos une más profundamente a Cristo y nos transforma en Él. Queridos jóvenes, si participáis frecuentemente en la celebración eucarística, si consagráis un poco de vuestro tiempo a la adoración del Santísimo Sacramento, a la Fuente del amor, que es la Eucaristía, os llegará esa gozosa determinación de dedicar la vida a seguir las pautas del Evangelio.

  

El autor

Javier Paredes

Javier Paredes es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá. Renovador del género biográfico en los ámbitos universitarios, ha publicado varias biografías de destacados políticos y hombres de empresa de los siglos XIX y XX. Es director de la Historia Contemporánea de España y de la Historia Contemporánea Universal utilizadas como manuales en las Universidades españolas desde hace años. Compagina su tarea universitaria con colaboraciones en distintos medios de comunicación.