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Noche de pasión. Comentario a la Noche Oscura de San Juan de la Cruz

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El autor

Rafael Pascual Elías es Carmelita Descalzo desde el año 2008, ordenado sacerdote en 2013. Hoy en el convento de Calahorra (La Rioja). Ha estudiado temas de espiritualidad carmelitana de diversos personajes de esta familia religiosa (Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, María de San José, Próspero del Espíritu Santo) así como de las Concepcionistas Franciscanas (Madre Ágreda, Madre Ángeles Sorazu y Madre Patrocinio). Tiene algunos libros y artículos sobre estos temas y además atiende a diversas comunidades de Carmelitas Descalzas y Concepcionistas Franciscanas así como otros grupos.

El libro

Estas páginas quieren ser un recuerdo vivo y un agradecimiento sincero a estos tres grandes carmelitas descalzos, Eulogio de la Virgen del Carmen, Tomás de la Cruz y Federico de San Juan de la Cruz, que en el momento preciso del 450 aniversario del nacimiento del Carmelo Descalzo masculino han sido llamados a vivir la vida verdadera, la de arriba, la del cielo. Nos han dejado enseñanzas doctrinales, testimonios imborrables y modos vivos de acercarnos a Dios a través de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Han sido maestros de cátedra, pero abiertos a la acción del Espíritu.

 

Introducción del libro


Noche de pasión, de esta manera le gustaba al  P. Federico Ruiz nombrar a la Noche oscura de San Juan de la Cruz. Así tiene mucho más sentido y cercanía con el ser mismo de este poema que tantas veces ha tocado nuestra vida de un modo directo. Y es verdad, la Noche oscura, leída, orada y vivida en primera persona es noche de pasión:

 

“He modificado la denominación corriente para destacar el verdadero sentido de la noche sanjuanista, que muchos lectores ya casi no perciben. La noche oscura es noche de pasión, en el doble sentido de esta última palabra: pasión de Cristo, pasión de amor. Realiza en plena vida el misterio de la muerte y resurrección del Señor. Lleva el dinamismo de una pasión de amor, que se lanza al riesgo de buscar frenéticamente a Dios escondido. […]

Integran la imagen de la noche oscura dos líneas simbólicas: la oscuridad y el amor. Se enriquecen mutuamente. La búsqueda apasionada del Amado da viveza y empuje a la oscuridad. Es una aventura de amor en la noche: huida sigilosa, disfraz, escalada, encuentro, comunión. Esto es lo que da vida a la oscuridad nocturna. En el poema, la noche aparece en forma circunstancial de lugar y tiempo: En una noche oscura… Sin embargo, la noche simbólica no queda en circunstancia, sino que pasa a convertirse en co-protagonista de la historia de amor.

Pero la creación sanjuanista se demuestra tan vital y vigorosa, que no puede ser fruto de préstamos doctrinales. Aquí tiene que intervenir en primer plano, no sólo la potencia creativa, sino ya antes la experiencia personal. Afortunadamente conocemos, por vía de testimonios directos, la familiaridad y predilección de Juna por la noche natural, contemplada y gustada en todas sus tonalidades. Y sabemos también que, como en el poema, la noche fue en su vida, no el objeto de una mirada estética o recreativa, sino el marco y clima de experiencias fuertes, gozosas o dolorosas: el estudio en las noches de Medina, el calabozo de Toledo, la oración a la ventana o en la huerta del convento. Ha probado largamente la oscuridad interior, la intervención incomprensible de Dios con hechos en su vida. Así se engendra en el espíritu de Juan la nueva creatura, a la que da por nombre y apellido la Noche Oscura[1].

El poema empieza con el siguiente verso: “En una noche oscura”. Es sólo el inicio de una historia de amor apasionante. En la Noche uno se encuentra con Dios y le transforma desde el amor. Habla él solo, no necesita más, tiene belleza, intensidad, mensaje sin igual; es la marca personal de su autor y así nos la recuerda el P. Eulogio Pacho:

 

“¡Lo que cabe en un verso!” En ninguno tanto como en éste: “En una noche oscura”. Encierra lo más original y representativo del sanjuanismo: la enjundia y quinta esencia del mensaje de fray Juan. El verso inicial es cifra de todo el poema de la Noche oscura y raíz del símbolo que confiere unidad a todas sus estrofas. Es a la vez sujeto directo de las cinco primeras liras y enlace gramatical para las tres finales.

En ningún otro poema sanjuanista el primer verso asume tal densidad y concentración como en la Noche. Las estrofas se vuelven inteligibles si no se iluminan personalmente con el arranque inicial. Es referente obligado e insustituible. Acción dramática y trama poética giran siempre en torno a la “noche oscura”. Culminan en velada alusión a la misma. Ni siquiera en la Llama de amor viva se verifica algo parecido, pese a su brevedad y a la continuidad temporal de los verbos.

La poesía de la noche lleva también la contraseña de lo paradójico o antitético, como todo lo sanjuanista. Por un lado, el sentido espiritual se asocia sin dificultad a la lección propuesta en el comentario; por otra parte, en ningún caso existe tal distancia entre lo explicado por el comentarista y lo que alcanza a percibir el lector del poema. Al margen de la declaración ofrecida por el propio fray Juan nadie está en grado de captar la opulencia doctrinal y espiritual encerrada en el poema  de la “noche”. Por muy honda que se intuya la carga simbólica de los versos, no es posible llegar al meollo de la “noche oscura” sanjuanista sin el apoyo de la explicación auténtica del autor. […]

Recuerda entristecido san Juan de la Cruz que, si se conociesen de antemano los bienes incomparables que se alcanzan al término de la “noche”, no habría quien no se sometiese a la prueba. La felicidad del término no tiene comparación con las privaciones del camino. Pese a todo, son pocas las almas que quieren pasar por la puerta estrecha y salir a oscuras. Como si existiese otra vía para llegar a la perfección fuera de la doctrina evangélica. No hay alternativa, asegura fray Juan en la primera página de la Noche oscura. Para él todo se reduce al misterio de Cristo, a la espesura de la Cruz[2].

Y todavía no hemos llegado al “más profundo centro” de la Noche; falta por hacer una tarea que ha quedado en el deseo del P. Tomás Álvarez, comentar y presentar a fondo la vivencia de la noche de Santa Teresa de Jesús. Él lo intento pero se quedó en eso mismo, en un deseo que con el tiempo alguien llevará a término:

 

  • Tomás, ¿no te animas a escribir algún artículo para el Monte Carmelo?
  • Sí, estoy leyendo Vida desde el sentido de noche de la Santa, es un artículo que merece la pena, no está apenas estudiado este aspecto.
  • Qué bien, Tomás. Adelante. Ya me contarás. Me voy, ya nos veremos.

 

 

[Pasa el tiempo y vuelvo a Burgos.]

 

  • ¿Cómo estás, has terminado el artículo de la Santa sobre la noche?
  • No puedo, estoy cansado, no paso del primer folio, y ni eso. Lo escribo y lo cambio, no tengo fuerzas para seguir, me cuesta, no voy a poder. Lo he dejado.
  • Tomás, tranquilo, has marcado el inicio de un nuevo tema por estudiar. ¡Cuánto me acuerdo de ti ahora que estoy en Calahorra donde empezaste a ser carmelita!
  • Sí, de niño, allí viví mis primeros años en el Carmelo. Fuimos cuatro de Acebedo a la vez: el P. Norberto, el P. Gil, otro que lo dejó y yo…”[3].

 

Es de noche, una noche oscura, pero una noche muy especial con tres partes:

 

Una noche que va oscureciendo la realidad que nos envuelve ante la muerte de tres grandes hermanos, padres y maestros. A lo largo de este año 2018 el Señor ha ido llamando a su lado a varios carmelitas descalzos; entre ellos estaban tres de los de grandes: P. Eulogio Pacho, P. Tomás Álvarez y P. Federico Ruiz. Se cierne la noche mientras el saber que nos han transmitido con su palabra ahora nos queda en sus numerosas, completas y enjundiosas publicaciones. Y se han ido como la amada, “por la secreta escala, disfrazada”.

 

Ahora nos quedamos en mitad de la noche, en esa noche donde se produce la transformación. La Orden del Carmelo Descalzo se queda huérfana de los grandes maestros y hermanos nuestros, pero Dios sigue llamando, sigue actuando, ya no entran tantos jóvenes cómo cuando ellos llamaron a las puertas del Carmelo, pero hay que saber esperar en Dios y dejarnos transformar por Él. Si vivimos esta noche en fe, esperanza y amor, como nos han enseñado, entonces gozaremos como ellos y como la “amada en el Amado transformada”.

 

Pero es la misma noche que da paso a un gran día de luz en el Carmelo Descalzo, la noche que encamina al 28 de noviembre de 2018. Una fecha muy especial para todos los hijos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, la fundación del primer convento de descalzos en Duruelo, hace justo 450 años. Ahí está el nacimiento de nuestro ser como carmelitas descalzos; el efecto de pasar por la noche; el abrir los ojos a la luz de una nueva vida como la amada “dejando su cuidado entre las azucenas olvidado”.

 

Estas páginas quieren ser un recuerdo vivo y un agradecimiento sincero a estos tres grandes carmelitas descalzos que en el momento preciso del 450 aniversario del nacimiento del Carmelo Descalzo masculino han sido llamados a vivir la vida verdadera, la de arriba, la del cielo. Nos han dejado enseñanzas doctrinales, testimonios imborrables y modos vivos de acercarnos a Dios a través de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Han sido maestros de cátedra pero abiertos a la acción del Espíritu. No sólo instruían en las clases magistrales, su enseñanza se prolongaba e intensificaba cuando uno estaba con ellos y se dejaba llenar de esa otra doctrina que es la que nos lleva a Dios, esa vida espiritual plena de la que tanto nos han hablado en sus libros, en sus homilías y en sus sabios consejos que nacían de su corazón tocado por el amor divino. Todo su legado tiene que servirnos para vivir con fidelidad un carisma precioso, apasionante y vivo fundamentado en tres pilares: la unión a Nuestra Madre la Virgen del Carmen (Eulogio de la Virgen del Carmen), el abrazo a la Cruz como mejor bastón para recorrer el camino (Tomás de la Cruz) y el seguimiento radical del primer carmelita descalzo (Federico de San Juan de la Cruz).

Su nombre quedará para siempre grabado en todos aquellos que hemos tenido la “dichosa ventura” de compartir algún momento, unos más y otros menos, de nuestra vida con estos grandes maestros que  han salido en una noche oscura, que habrán gustado esa noche amable más que el alborada y que nos esperan dejando su cuidado entre las azucenas olvidado.

 


[1] Federico RUIZ, Místico y maestro san Juan de la Cruz, EDE, Madrid 1986, pp. 224-226. Ver también de este libro las páginas 223-252 y de su gran obra Introducción a San Juan de la Cruz las páginas 183-214 y 523-545. Es interesante la lectura de tres artículos suyos sobre el tema de la Noche oscura que nos ayudan a asimilar mejor esta obra en nuestros días: Revisión de las purificaciones sanjuanistas, “Revista de Espiritualidad” 31 (1972) 218-230; Horizontes de la noche oscura, “Monte Carmelo” 88 (1980) 389-409 y El símbolo de la Noche Oscura, “Revista de Espiritualidad” 44 (1985) 79-110.

 

[2] Eulogio PACHO, NOCHE OSCURA. Historia y símbolo, evocación y paradigma en Estudios Sanjuanistas II, Monte Carmelo, Burgos 1997, pp. 199-217. Es sólo una parte del estudio profundo que hace de esta obra de San Juan de la Cruz. Recomiendo la lectura de la parte más importante: Noche oscura en Diccionario de San Juan de la Cruz, Monte Carmelo, Burgos 2000, pp. 1017-1033; Iniciación a San Juan de la Cruz, Monte Carmelo, Burgos 1982, pp. 115-149 y San Juan de la Cruz. Temas fundamentales 2, Monte Carmelo, Burgos 1984, pp. 37-156.

 

[3] Una de mis últimas conversaciones con el P. Tomás Álvarez cuando lo visitaba una vez que dejo de estar con él en la comunidad de la enfermería de Burgos.

Algo de esto nos ofrece en sus comentarios a los libros de San Teresa cuando entra en las sextas moradas (cf. Comentarios a “Vida”, “Camino” y “Moradas” de Santa Teresa, Monte Carmelo, Burgos 2005, pp. 224-236).

Un gran intérprete teresiano, P. Secundino Castro, estudia en esta línea a Santa Teresa de Jesús con aportaciones muy interesantes. Destaco algunas: Noche oscura en “Las moradas” de Santa Teresa, “Revista de Espiritualidad” 267 (2008) 291-311; La noche oscura de Santa Teresa (Libro de Las Moradas) en Pascual Cebollada (editor) Experiencia y misterio de Dios, Universidad de Comillas, Madrid 2009, pp. 269-272 y El libro de las Moradas. Una espiritualidad de luminosa oscuridad, “Teresianum” 66 (2015) 229-257.